José Manuel Frías

Estas son algunas de las películas que marcaron mi infancia.
Todo comenzó con "Anteojito y Antifaz", un film que conservábamos en casa en una de aquellas pequeñas y anchas cintas de Betamax, a las que llamábamos, como todo el mundo, cintas Beta. Yo debía contar la primera vez con cuatro o cinco años, pero la película la vi hasta la saciedad durante muchos, muchos años, y es la única grabación infantil que, ya de adulto, siguió haciéndome llorar en aquella escena en la que un trozo de hierro, tirado en un vertedero, narra su ascenso a la fama y la parte más perversa de la misma. Desde luego, "Anteojito y Antifaz" es el mejor exponente de las circunstancias que acompañan al exceso de popularidad y poder, capaz de corroer el alma del triunfador hasta convertirlo en un ser despreciable.
Por aquel entonces descubrimos también "Fantástica aventura", una película misteriosa, intrigante, con una música sobrecogedora, que narra las aventuras de dos ratones mecánicos, padre e hijo, unidos de fábrica por los brazos, que escaparon de la tienda de juguetes buscando a alguien que pudiera separarlos. La aventura resultó apasionante, con la presencia de malvados personajes como la rata Manny.
Algunos años después llegaría el film "El mago de los sueños", protagonizado por aquellos simpáticos niños que, todas las tardes y desde la pantalla de un televisor, nos mandaban a dormir con su "vamos a la cama, que hay que descansar". La película siempre me pareció entrañable, con pasajes que conservo con arraigo en la memoria.
Ya estaba bien entrado el año 1991 cuando compramos una película para entretener a mi hermano Daniel, que contaba por aquel entonces con apenas tres años. La encontramos en un kiosko, acompañando a un ejemplar de una revista para padres. Se trataba de "Trapito", una obra de García Ferrer, el creador argentino de Anteojito. Y no nos defraudó. Recuerdo que durante una de las escenas, en la que el carismático espantapájaros ve como Sarapito, un gorrión que se había convertido en su ilusión de vivir, se marcha para formar una familia, mi hermano desapareció. Extrañados, lo buscamos por toda la casa. Ya preocupados, pensando que había salido a la calle, lo hallamos llorando tras el sofá. Ese fragmento de cinta , en este caso VHS, lo emocionó. Y no era para menos. También a mí, en alguna que otra ocasión, se me ha escapado alguna lágrima ante ese momento cumbre de la historia.
Imagino que existieron muchas otras películas con las que disfruté en su momento, pero las he olvidado. Eso demuestra que las que se mantienen vivas en mi memoria fueron las que más me impactaron.